Nobles damas, caballeros… muchachos, bienvenidos. Para aquellos que no me conozcan aún, soy Don Félix De Argus, El Gran Maestre de la Familia Argus. La Dama de Parvonna, Doña Helena, en su infinita sabiduría ha tenido a bien mecenar aquestas clases de alfabetización para los hombres y mujeres de bien de Parvonna. Permítanme que, en ésta primera clase, antes de que el Maestro Don Bosco les inculque el conocimiento de las letras, les dirija unas palabras a vuecelencias.
 
La lectura les hará libres. Encerrados en esas páginas, mil vidas podrán ser vividas por quien las leyere y, en cada una de ellas, está la sabiduría para vivir la vida mejor. Allí están los conocimientos de los antiguos; las experiencias de las vidas reales o imaginarias de personajes heroicos, nobles o villanos: De lazarillos, supervivientes en un mundo hostil. De caballeros, que han perdido la noción de la realidad. De conquistadores de mujeres, que se enfrentan al amor por primera vez. Del Mundo como un Gran Teatro. De la Vida como un Sueño. De amores, guerras, traiciones, fantasías, ciencias, ideas y pensamientos. Un conocimiento como nunca pudieron imaginar vuesas mercedes. Y ese conocimiento les convertirá en sabios, y en hombres de renombre. 

Don Felix de Argus

Pero ese conocimiento tiene un precio: Esos libros deben ser leídos para alcanzar su sabiduría interior. Requieren de acción, de tiempo y del esfuerzo de leer. Y sobre convertirse en personas de acción, que busquen activamente el hecho de hacer, es de lo que, precisamente, deseo hablarles hoy.
En unos meses acudirá a nuestra ilustre ciudad nada menos que su majestad el Rey. Para honrarnos con un Gran Baile de Gala y honrar las Fiestas de Parvonna. Muchos acuden a un evento semejante pensando que la vida les moverá de aquí para allá esos días. Muchos vendrán pensando que su historia debería estar “escrita” para ellos. 

Tal vez, sus señorías, hayan acudido a otros lugares donde se sintieran así, como si una divinidad, o las tramas de los hilos del destino, les marcaran el camino a seguir. Es cierto que a todos nos gusta, de vez en cuando, dejarnos llevar por la vida y que todo tenga un propósito más allá de vagar sin rumbo. Especialmente, preferimos aquél camino marcado cuando no sabemos qué esperar del sitio al que vamos. Cuando no tenemos en mente quiénes somos ni sabemos adónde queremos llegar muy bien. Sin embargo, créanme vuesas mercedes, que aquestas próximas fiestas en Parvonna no serán así. Y créanme que les digo, sin duda, que es igual de bueno. Que nuestra historia y el Destino no estén escritos, sino que nosotros tracemos nuestras propias historias y caminemos hacia donde queramos, es más difícil, sí, pero más libre. Sin una trama creada, la única frustración que podremos sufrir radicará en los propios objetivos que nosotros mismos tengamos. Requiere más esfuerzo. Sí. Vivir sin una guía marcada implica que nosotros debemos crearla. Al igual que leer, que requiere trabajo, pero da otros beneficios. Vivir una vida predeterminada estará encorsetada por lo que debe ser, mientras que una sin esa trama del Destino, manejándolo todo, sólo estará limitada por lo que puedes tú hacer. Esto es lo importante. 

¿Qué quieren hacer durante las fiestas que se avienen en el próximo año? Esa pregunta hay que responderla desde conocerse muy bien a sí mismo: ¿Quién soy? ¿Qué me gustaría conseguir? Algunos dirán: ¡Dinero! Y yo les diré: ¿Pero es el dinero todo? ¿Vuestra merced está dispuesto a arriesgar la vida por el dinero? ¿O prefiere ganarlo honradamente aunque gane menos? En ambos casos habrán de esforzarse y pensar cómo obtenerlo de antemano. No van a venir los dineros a sus manos por Arte de Magia durante la fiesta de Parvonna. ¿Quieren dinero y se avienen a arriesgar la vida? Únanse a la guardia, o al ejército, o a una tripulación de la Casa de Contratación. El propio nombre lo dice: Casa de Contratación. Contratan hombres y mujeres de 

Wanderley en una escena en Tempus Belli, de Tempus Makers

acción. Allí sí que les deberían decir más o menos qué deben hacer, dónde deben estar y cuándo deben matarse por unos doblones de oro. Otra salida es el crimen. No seré yo quien les diga que delincan. Jamás. Pero, para nuestra desgracia, en el mundo en el que vivimos muchos sólo ven la salida del crimen como opción para ganar dinero. ¡Pero ocurre lo mismo! Requiere acción. Una acción decidida por uno mismo. No esperen a que alguien venga a proponerles un delito. Es uno el que debe ir a hablar con sus compinches a proponérselo. Un criminal debe pensar el golpe muy cuidadosamente para no acabar en la picota, cuidarse de no ser descubierto, debe pensar cada paso que vaya a dar y estar listo para reaccionar a los imprevistos. Y todo hablado de antemano con sus compadres. Nadie va a venir y decirle “roba a ese mercader”. Si quieren no morirse de aburrimiento los dos o tres días que dure la fiesta, habrán de ser ellos los que den el paso. El otro lado, siguiendo con el ejemplo del dinero, es el del trabajador honrado que acudirá a las “Malas Calles” de Parvonna con intención de no ser robado, claro, buscando ganar unos bien justos dineros. Pero entonces… ¿Qué piensa hacer para ganarlos? ¿A qué se va a dedicar? ¿Está dispuesto a salirse del plan que tenía en mente al llegar si ve que la vida le lleva por otro lado? ¿Está dispuesto a trabajar para otros? ¿Es realmente dinero lo que quiere? ¿Prefiere trabajar para sí mismo? ¿Está dispuesto a trabajar cuando los demás están de Fiesta? ¿Cómo piensa protegerse de los criminales de los que hemos hablado antes? Todo requiere conocerse muy bien y conocer el lugar donde uno va a moverse. ¡Y todo requiere trabajo y esfuerzo! Como ejemplo personal les diré que, estando de paso una semana en la Ciudad de Aldradach, los ciudadanos de allí lo tienen claro: Unos venden abalorios y bagatelas en puestos improvisados junto a la tienda donde duermen. ¡No hablo de los mercaderes establecidos! Hablo de los tiempos muertos que algunos aprovechan para ofrecer cosas. Otros ofrecen sus habilidades de retratista con cómicos o serios retratos. Algunos se ofrecen como guardaespaldas, o piden aventureros o mensajeros para realizar sus misiones. 

Diny-chan en la Feria del Dragon de Asociación Fénix. 

Yo me considero hombre de acción. Muchas veces mis planes acaban en fracaso. No se desanimen. Algunas veces, mis planes siguen el camino previsto. Algunas, muy pocas veces pero maravillosas, superan con creces mis expectativas. ¡¡Pero nunca me aburro!! Hagan uso de las posibilidades que les ofrece una Parvonna en fiesta. ¡De todas las oportunidades las que puedan! Es mejor cabrear a una divinidad y que esté apunto de matarlo definitivamente, ser secuestrado por orcos, ser asaltado en la noche por un falso grupo de guardias, ser acuchillado, luchar contra monstruos inenarrables o presenciar rituales de magia arcana que jamás habían sido realizados, antes que pasar los tres días tumbado en una esquina del Uñero bebiendo ron o aburrido por no 

saber adónde ir. ¡Eso puede hacerse cualquier día y no hace falta salir de casa para ello! Esos tres días son para vivirlos todo lo intensamente posible. Dormir poco, salir mucho. Socializar con cada pintoresco personaje que nos crucemos. ¡Vivir la fiesta!

Permítanme acabar con una historia personal: Estando en la lejana ciudad de Aldradach, durante mi servicio en la Guardia Ducal de Parvonna en Ultramar, vi, entre las innumerables oportunidades que ofrece aquella ciudad atestada de gentes, un puesto que ponía en relación a solteros, para que se conocieran. No soy persona muy dada a Celestinas, mas un compañero me dijo que todos los años se apuntaba, aunque sin éxito. He aquí que, siguiendo la máxima que intento enseñarles en todo este discurso: “Procura participar en todo lo que suceda a tu alrededor” y, si no pasa nada “créalo tú mismo”, pues completé un perfil y, al poco, recibí una carta de una dama interesada en conocerme. Entusiasmado, expliqué al resto de la tripulación mi éxito, y que había quedado con ella en la “Feria de los farolillos” un romántico evento que sólo acontecía una noche al año, y estaba repleta de actuaciones circenses, música y fiesta. Romántico como ningún otro evento de aquellos días. Cuando les expliqué a mis compañeros la situación, prestos todos a una, se juntaron a ayudarme en lo posible. El Capitán me eximió de mis obligaciones para con la tripulación esa noche, que implicaban una misión de escolta en la que éramos necesarios cuantos más, mejor. El Contramaestre me cedió un par de prendas de ropa que complementaban magníficamente mi porte. La Primero de abordo, un hada faérica, me cosió los complementos y me bendijo mágicamente, el bardo se ofreció gratuitamente a acompañarme y agasajarnos con su extraño laúd nórdico que sabía tocar como nadie. Todos, en definitiva, participaron activamente en mayor o menor medida en aquella misión creada de la nada. Al final, para mi desgracia, la dama en cuestión diome calabazas, así que pagué al bardo a pesar de que se ofrecía voluntario, despojéme de mis elegantes vestiduras tan arduamente elaboradas y traté de alcanzar, lo antes posible, al Capitán en la misión de escolta de la que estaba exento. Mi corazón estaba roto, pero la acción debe prevalecer. Fortuna Audaces Iuvat. Uno nunca sabe cuándo se encontrará con una aventura mejor e inolvidable. Esa fue, de hecho, la noche en la que me asaltó un grupo de orcos. Me torturaron y robaron, volví tambaleándome de vuelta a nuesto navío, “El ember”, moribundo, fui atendido por un total desconocido que me vio arrastrarme por las calles, en medio de la noche y salvé a toda la tripulación de ser secuestrada por los orcos que me habían hecho prisionero.
Con esto quiero decir que uno nunca se siente. Nunca se pare si puede evitarlo. Que cree sus historias, sus aventuras, que busque algo en la vida. Que cuente con los demás y los haga partícipes de sus acciones, y que, a pesar de que muchos planes salgan mal (a mi me dieron calabazas aquella noche, toda la preparación y las molestias no sirvieron aparentemente para nada), todo es parte de la historia. Si no hubiera accedido a apuntarme con un compañero a aquellos Celestinos, la tripulación hubiera sido hecha prisionera de los orcos. Nunca sabes dónde está la aventura pero siempre puedes crear la tuya propia. Una vez más:  “Procura participar en todo lo que suceda a tu alrededor” y, si no pasa nada “créalo tú mismo”. Sed fieles a vosotros mismos.
Don Félix De Argus.

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